Rusia se está convirtiendo en un importante proveedor de vacunas contra el covid-19 para América Latina, una medida que podría tener consecuencias duraderas en la configuración del mundo pospandémico y afectar aún más el prestigio de Estados Unidos en la región.

Si bien Moscú enfrenta protestas en su país y la condena por cuestiones de derechos humanos de Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Canadá y otros países occidentales, esos problemas han tenido poca resonancia en América Latina, donde la reciente publicación de una evaluación positiva revisada por pares de la vacuna rusa Sputnik V en The Lancet, la principal revista médica de Gran Bretaña, fue ampliamente celebrada.

La necesidad de obtener más vacunas se siente con urgencia en la región. Los países latinoamericanos se encuentran entre los más afectados del mundo por la pandemia, pero aún no han comenzado las campañas de vacunación a gran escala, con limitadas excepciones.

Según la Universidad de Oxford, los países de América del Sur han dispensado en promedio menos de dos dosis de cualquier vacuna contra el coronavirus por cada 100 personas, en comparación con casi cinco dosis por cada 100 personas en la UE y más de 14 dosis por cada 100 personas en EE.UU.

La disposición de Rusia para cerrar acuerdos ha sido clave para difundir la vacuna en América Latina hasta ahora, según Danil Bochkov, experto en relaciones internacionales del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales.

Tanto Rusia como China buscan mejorar su reputación después de años de confrontación con EE.UU. y la UE, y el papel de proveedor de vacunas para el mundo en desarrollo es una oportunidad perfecta para una campaña de relaciones públicas positiva. Como dice Bochkov, «Rusia ha dominado el Sputnik V como instrumento diplomático hasta ahora».

Comercialmente, vender millones de dosis de vacunas también significa obtener ganancias multimillonarias, algo de primordial importancia para la economía rusa, que se ha visto afectada por las sanciones occidentales en los últimos tiempos.

En contraste, el manejo occidental de la distribución de vacunas a menudo ha parecido introspectivo. En enero, Gran Bretaña y la UE se pelearon por la distribución de vacunas, mientras que la Casa Blanca aumentó las compras de vacunas a un total de más de 7 posibles dosis disponibles para cada estadounidense, según datos recopilados por la Universidad de Duke.

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